Companero Inesperado
Hermanos Holland #1

By: Toni Griffin | Other books by Toni Griffin
Categories: Erotic Romance, Alternative (M/M or F/F), Paranormal, Vampires/Werewolves
Word Count: 23,486
Heat Level: SIZZLING
Published By: Silver Publishing

 

Tras ser rechazado por sus padres y expulsado de su manada por ser gay, Brian se mete en su camioneta y unidades. El desglose de fuera de la ciudad pequeña, Leyburn, Brian nunca pensó que cumplir con su compañero, y mucho menos que su compañero lo rechazan también, porque es heterosexual.

Marcus está conmocionado por la aparición inesperada de un hombre lindo que dice ser su compañero. Marcus no puede ser gay. Él es el inspector de policía de un pequeño pueblo, y esas dos cosas no van bien juntos. Y mucho menos el hecho de que todos sus hermanos son gay. Alguien tiene que casarse, sentar cabeza y tener una familia para continuar con el nombre de Holanda.

Marcus puede llegar a un acuerdo con el hecho de su compañero es un hombre o va a arriesgarse a perder Brian siempre. Sin embargo, no todos en el paquete es del todo feliz con esta unión.








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Companero Inesperado
Companero Inesperado

Available in: Adobe Acrobat, Microsoft Reader, HTML, Mobipocket, EPUB, Palm DOC/iSolo, Mobipocket, Rocket

Price: $4.99



Cover Art by Reese Dante

 

 

Excerpt

El pop ruidoso de su neumático pinchado y el camión yéndose hacía un lado mientras conducía por la autopista habría sido suficiente para que a alguien le diera un ataque al corazón.

--¡Mierda! ¿Me puede ir peor esta semana? -- exclamó Brian mientras maniobraba lentamente su camión para dejarlo a un lado de la carretera.

Estaba oscureciendo, y no tenía rueda de repuesto. Sabía que tenía que haber cogido una, pero tuvo que irse con tanta prisa que se le había ido de la cabeza. Pensando en la última semana hizo una mueca.

Lo que lo hubiese poseído finalmente para abrirse y ser honesto acerca de su sexualidad lo superó. Sabía que sus padres no estarían muy felices, pero nunca pensó que su Alfa le daría la espalda, echándolo de la manada. No creía que ser gay fuera algo fuera de lo normal, pero al parecer con quien durmiese, era problema de toda la manada.

Hizo una mueca al recordar a su Alfa diciéndole que se fuera y no volviera, ya que no sería bienvenido. No le dieron ni siquiera la oportunidad de recoger sus pertenencias. Así que había saltado a su furgoneta con nada más que la ropa que llevaba, su billetera, teléfono y se fue lejos del único hogar que había conocido.

Había estado en la carretera durante los tres últimos días, en dirección a las regiones del sur de Australia. Deteniéndose solo para dormir, quería poner la mayor distancia posible entre su antigua manada y él. Ni siquiera había tenido la oportunidad de dejar correr a su lobo y sentía la tensión en la piel, como si el lobo estuviera ansioso por salir.

Brian no tenía ni idea de a dónde iba, no tenía familia, aparte de los que había dejado atrás, y que ya no querían tener nada que ver con él. Fue solo una suerte que su camioneta se rompiera a unos ocho kilómetros del pueblo más cercano. Había estado viendo las señales de Leyburn durante los últimos diez minutos.

Parecía una ciudad relativamente pequeña, agradable, pero uno nunca lo podía decir hasta que no conociera a la gente.

Brian se apoyó en el asiento del conductor y cerró los ojos. Pasando sus manos por el pelo, tomó una respiración profunda. Eso ayudó a que su lobo se calmase, aunque su mundo se desmoronara a su alrededor. Sin trabajo, sin familia, sin manada, y alejándose de su único amigo. El poco dinero que había ahorrado, lo había gastado en su constante viaje de huida. Las lágrimas empezaron a picarle los ojos al tratar de detenerlas.

«¡No llores!»

--¿Qué diablos voy a hacer ahora? --se preguntó Brian en voz alta, a pesar de que allí no había nadie para responderle. Mientras miraba en el espejo retrovisor, se dio cuenta de que un coche de policía se había parado detrás de él.

--Genial, --se quejó Brian--. Esto no hace más que mejorar. Apuesto a que me va a decir que es ilegal que se estropee un coche en este tramo de la carretera.

Mientras seguía mirando por el espejo, el hombre más sexy que había visto nunca salió del coche de policía y fue hacia él. Brian no pudo apartar sus ojos de él. Dios, era impresionante. Tenía que medir por lo menos un metro ochenta y tres centímetros, con un cuerpo musculoso y un pelo castaño oscuro casi negro que caía por sus ojos. Brian no podía distinguir el color de sus ojos todavía, pero estaba seguro que serían una preciosidad, y el hombre tenía unos labios que Brian se podría pasar horas besándolo y no tener nunca suficiente. La polla de Brian hizo un movimiento al ver al bello hombre.

--Justo lo que necesito, una paliza por correrme por un policía. Compórtate. --Le dijo Brian a su polla.

El oficial llamó a la ventana. Brian se quedó sin aliento cuando miró al hombre y se dio cuenta de que sus ojos eran de un profundo marrón chocolate. Antes de que pudiera decir nada, el olor más increíble le llegó, era primario, muy masculino, almizclado, recordándole a su lobo cuando corría a través del bosque. Su lobo se dio cuenta al instante, se levantó, con ganas de acercarse a este asombroso perfume. Su polla se puso dura como una roca en cuestión de segundos y palpitaba con insistencia contra la bragueta de sus vaqueros.

--¡Mierda!, tú eres mi compañero. --Espetó sin censurar lo que estaba diciendo. Mirando la cara del oficial, deseó tenerle.

* * * * *

El Inspector Marcus Holland no estaba de buen humor. Estaba harto de tener que defenderse porque no había elegido a ninguna compañera y se asentaba para tener cachorros. No fue por falta de intentarlo, eso seguro. Marcus tenía tantas citas como podía. Solo que no había tantas oportunidades en una ciudad del tamaño de Leyburn. Simplemente no parecía hacer ‘clic’ con ninguna de las mujeres que había salido. Y no parecía durar más de un par de semanas.

Acababa de hablar por teléfono con su madre que quiso saber qué estaba mal con Stacey, la mujer con la que había roto un par de días antes. Nunca supo cómo las noticias les llegaban tan pronto a sus padres, no le había contado a nadie la razón por la que había roto con la hermosa rubia. Casi había logrado salir con ella durante un año. Él puso fin a la relación. No estaba enamorado de ella, y el sexo estaba bien, no, la tierra no crujía. Marcus siempre había preferido dormir solo, y nunca le permitió pasar la noche poniendo como excusa que lo podían necesitar para el trabajo.

Marcus estaba furioso con Stacey porque lo había intentado forzar. Todavía estaba dudando de si debía informar a Alex, su Alfa y hermano sobre la situación.

Su radio en el coche lo avisó de una avería a las afueras de la ciudad y como era el que estaba más cerca, incluso a pesar de que se dirigía a su casa después de un día agotador, pensó en echarle un vistazo. Mientras se ponía detrás de la antigua Ford, se dio cuenta del estado de la placa de la matrícula.

--Así, que no es de aquí entonces. --Se murmuró a sí mismo mientras salía del coche patrulla y se dirigía al otro vehículo. Mientras se acercaba, el más dulce aroma comenzó a cosquillearle en la nariz. Su lobo de repente husmeó queriendo salir a investigar y su pene se endureció en segundos. Nunca había tenido esta reacción con nadie antes y gimió cuando tomó una respiración profunda para tratar de recuperar el control de su cuerpo. No funcionó. El aroma de las flores y del sol fluía a través de su cuerpo, gimió de nuevo en silencio, cuando se acercó a la ventanilla del conductor.

Dio un golpecito en la ventana, esperando que el ocupante la bajara. Tomó otro aliento, trató de calmar su acelerado corazón. No entendía lo que estaba pasando con su cuerpo. Cuando la ventana bajó, vio los más increíbles ojos verdes que había visto en su vida.

‘¡Mierda! Tú eres mi compañero’. Le dijo el hombre de la camioneta.

Marcus se echó hacia atrás y frunció el ceño al hombre que estaba en la camioneta. Seguramente no había podido oír lo que pensó que había oído.

--¿Qué dijiste? --le preguntó Marcus, aún frunciendo el ceño ante el hombre.

--Eres mi compañero, --repitió, esta vez sin maldición y con una pequeña sonrisa adornando su hermoso rostro.

--¿Compañero? ¿De qué estás hablando? No sé tú, pero yo no soy gay. --Respondió con firmeza. Marcus inhaló el dulce aroma de nuevo. Se dio cuenta que este hombre no olía como la manada, pero sin duda era un lobo cambiaformas, lo que significaba que lo sabía todo sobre los compañeros. Marcus negó con la cabeza, tratando de aclarar los pensamientos que corrían por su cerebro--. «No soy gay». Se repitió para sí mismo más que para el otro.

--Me llamo Brian Townsend --dijo mientras sostenía su mano por la ventana.

--No me importa cuál es tu nombre, solo necesito que muevas tu vehículo --gruñó Marcus mientras daba otro paso atrás del hombre con el olor impresionante.

La cara del tipo cayó cuando hizo esta última observación.

No sabía por qué la había hecho, pero el joven le dio sensación de mal humor. Verse enfrentado a este increíblemente y hermoso hombre que afirmaba que era su compañero le daba la sensación de haberse golpeado la cabeza. No era gay, no podía ser gay, nunca se había sentido atraído por un hombre antes.

Bueno no, eso no era exactamente así, pero nunca había hecho nada. ¿Por qué el destino le mandaba a su trabajo a su compañero, cuando era el único hombre hetero de su familia, el único para tener cachorros y continuar con el nombre de su familia? Brian parecía que alguien había golpeado a su cachorro.

--Mira, nosotros no somos compañeros --dijo Marcus con voz muy firme--. Hay que mover la camioneta. Si está averiada, aquí tienes el número del garaje local. Probablemente esté cerrado, pero alguien vendrá y remolcará el vehículo para que puedan repararlo mañana.

Le entregó el número, con cuidado de no tocar a Brian, y se volvió para irse. Mientras se volvía, se dio cuenta que Brian se limpiaba una lágrima de su mejilla. Sintió una punzada en el pecho al causar dolor en el otro hombre, pero enderezó la columna vertebral y volvió a su vehículo. Le tomó todo el esfuerzo del mundo, no darse la vuelta y volver a Brian. No podía ser gay. Sus padres contaban con que fuera hetero. Cuando puso su coche en marcha, se negó a mirar por el espejo retrovisor por temor a que fuera su perdición.