Companero Protector
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By: Toni Griffin | Other books by Toni Griffin Categories: Erotic Romance, Alternative (M/M or F/F), Paranormal, Vampires/Werewolves Word Count: 25,233 Heat Level: SIZZLING Published By: Silver Publishing
En el espacio de dos años, Zack perdido casi todo el mundo que había significado nada para él. Después que sus padres murieron en un accidente de coche y su mejor amigo murió de cáncer, Zack se queda sola con su hija sólo meses de edad de dieciocho años. Sus abuelos ultra-religiosos y homofóbicos hará todo lo posible para llevar a su hija lejos de él. Para detener esto, Zack empaca y se muda a un pequeño pueblo en el norte de Victoria. Simon se ha sabido que era gay desde que tenía quince años y se había resignado a no ser padre. Al entrar en su casa una tarde, él se sorprende al encontrar no sólo su compañera, pero un niño de dos años llamando a su padre mate. Simon está dispuesto a ser padre? Zack puede abrir su corazón después de tanto dolor y el riesgo de amar a alguien más? 0 Ratings
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Companero Protector
Available in: Adobe Acrobat, Microsoft Reader, HTML, Mobipocket, EPUB, Palm DOC/iSolo, Mobipocket, Rocket Price: $4.99Cover Art by Reese Dante |
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Excerpt--¿Papá? Zack miró por el espejo retrovisor a la persona más importante de su vida. Su hija que estaba en su sillita en el asiento trasero, rodeada de todo lo que poseían. --¿Sí, Calabaza? --Zack constantemente desviaba sus ojos de ida y vuelta entre su preciosa carga y la carretera que tenía por delante. --¿Ya llegamos? Zack suspiró. La pregunta había sido constante durante las últimas horas. Tenía que ser duro para Hayley. En seis meses había perdido a la madre que amaba, la casa en la que creció, la guardería que conocía y a sus queridos amigos. Para colmo aparte de todo lo que había pasado, sus abuelos estaban tratando de separarla de su padre, así que finalmente se había ido con Hayley a empezar en una nueva ciudad, con gente nueva y, esperaba, que con nuevos amigos. --Todavía no Hayley, pero pronto, ¿de acuerdo? Encontraremos el motel, descargaremos el coche y luego vamos a encontrar un bonito parque donde podamos jugar un poco. ¿Qué te parece? Los chillidos de alegría que Zack escuchó de Hayley, en el asiento trasero, fueron por la idea del parque. Mirando hacia atrás otra vez, Zack no podía creer lo mucho que se parecía a su madre. Sus brillantes ojos de color verde jade y el más lindo botón como nariz que había visto en su vida, por encima de una pequeña boca de labios rosa, le recordaba a diario a la única mujer que había amado. Pero la mejor característica, pensó Zack, lo único que recibió de su padre, caía suelto por sus hombros, brillantes rizos castaño rojizos. Una de las cosas favoritas de Sara antes de morir, era cepillar el pelo de Hayley. Zack se sintió momentáneamente abrumado por el dolor de pensar en su mejor amiga. En su primer día de escuela, Zack y Sarah se habían sentado en el mismo asiento durante el almuerzo, ninguno de los dos estaba prestando atención al entorno, y terminaron siendo los mejores amigos cuando la campana indicó que el almuerzo había terminado. Sus años de secundaria parecieron volar con ellos dos compartiéndolo todo. Zack confió en Sarah cuando se dio cuenta que le llamaban la atención los chicos de su escuela, más que las chicas. Sarah lo abrazó y lo besó en la mejilla y le dijo que el que fuera gay no le importaba y que siempre lo amaría. Había alentado a Zack a que hablara con sus padres, y que les contara lo que estaba pasando. Su madre lo sorprendió diciendo que hacía tiempo que lo sospechaba y su padre asintió y dijo que mientras Zack fuera feliz, todo lo demás no importaba. Zack abrazó a sus padres, más agradecido que nunca por su apoyo. Sarah sin embargo, mantuvo el secreto a sus padres hasta después de acabar la escuela secundaria y que se mudaran juntos a un apartamento. Sus padres, religiosos, temerosos de Dios, fueron inflexibles, no querían que Sarah tuviera algo que ver con él. Cuando se negó, la informaron de que Dios la castigaría por estar con él. Quién sabe lo que los padres de Sarah pensarían si alguna vez se enteraran de que era un Hombre lobo, aparte de gay. Probablemente les daría un ataque de apoplejía. Zack se rió de la idea y recordó el momento en el que Sarah se enteró que era un hombre lobo. Fue la primera luna después de que Zack cumpliera los dieciséis años, Sarah y él estaban tumbados en el piso del salón de su casa, haciendo sus tareas. El cuerpo entero de Zack estaba caliente, y su sangre hervía, entonces de sus brazos empezó a brotar pelaje. Miró a Sarah a los ojos, los ojos impresionantemente grandes de Sarah le devolvían la mirada y dijo lo único en lo que pudo pensar. --Por favor, no grites. Sus ojos se abrieron mucho más con sus palabras. Sus huesos empezaron a cambiar, el rostro a alargarse y antes de darse cuenta, estaba a cuatro patas enredado en sus vaqueros y camisa mirando a su mejor amiga que a su vez lo miraba cada vez más asombrada. La madre de Zack llegó desde la cocina, preguntándoles algo cuando miró a Zack y se detuvo en seco con la boca abierta, rápidamente miró a Sarah y recuperó sus sentidos. --Sarah, ¿estás bien? --Es tan alucinante. --Sarah se volvió rápidamente y tomó sus deberes antes de agitarlos frente a la cara de Zack--. Vamos, Zack. Pórtate bien y comete esto por mí. De esta forma no tengo que hacerlos y tendré una buena excusa. Se rió cuando Zack le dio un mordisco juguetón en su mano, antes de que su madre lo regañara. Lo envió a su habitación hasta que cambiara para poder hablar con Sarah. Sarah intentó que se comiera sus tareas varias veces más y después de eso cuando se fueron a vivir juntos, un día llegó a casa con un collar y una correa y los colgó de la puerta. Se rió tan tontamente que tuvo que correr al baño a orinar cuando Zack vio por primera vez los artículos. Saliendo de sus recuerdos, Zack volvió a mirar a su hija por el espejo, notando que estaba dormida, su juguete favorito, un lobo de peluche, lo tenía contra su pecho. Concentrándose en la carretera, Zack se preguntó que iba a hacer sin su mejor amiga. Sarah había sido una constante en su vida, durante trece años. Cuando a Sarah le diagnosticaron cáncer, la noticia golpeó a sus amigos como una tonelada de ladrillos. Se fueron a la cama esa noche envueltos en los brazos uno del otro, ambos con los ojos rojos y las lágrimas recorriendo sus mejillas. Sarah lo despertó al día siguiente pidiéndole su esperma. Una vez que se le pasó el shock inicial, Zack estuvo de acuerdo. Los médicos le dieron un máximo de dos años de vida y quería comenzar los tratamientos automáticamente, aunque no esperaban que eso prolongara su vida, solo por unos meses más. Pero Sarah quería ser madre más que nada en el mundo, y cualquier tratamiento que iniciara le quitaría esa oportunidad. Zack no pudo negarle nada a su mejor amiga, y como era gay y no esperaba tener hijos, saber que una parte de su amiga viviría en su hija, ayudó a Zack con la pérdida. Después de largas discusiones y más lágrimas, ellos hablaron con los padres de Zack. La pareja se puso muy contenta al enterarse de que tendrían un nieto. Con Zack siendo hijo único y gay, se habían resignado a no tenerlos. Sus padres estaban tan felices que se ofrecieron a pagar para que el deseo de Sarah se hiciera realidad. Zack y Sarah estaban muy agradecidos por su ayuda, no como los padres de Sarah, que les dijeron al conocer la noticia de su enfermedad, que estaba siendo castigada por su asociación con Zack. Tuvieron suerte y Sarah se quedó embarazada al primer intento. Zack podía ver la tensión que el embarazo ponía en Sarah, pero ella nunca se quejó. Trabajó tanto como era posible para ayudar a pagar su parte de los gastos, no le importó la cantidad de veces que Zack le dijo que redujera la velocidad y lo tomara más tranquilamente. Sarah tenía seis meses de embarazo cuando Zack recibió una noche una llamada telefónica para decirle que sus padres habían tenido un accidente de coche. Conducían de vuelta de la fiesta de Navidad, cuando el conductor de un remolque se quedó dormido al volante y cruzó la carretera. El camión los golpeó de frente y ambos murieron en el acto. Había algunas cosas que incluso siendo un hombre lobo no podían evitar. Nunca pudieron ver a su nieta. Sus padres le dejaron su casa, que ya estaba pagada, y Zack y Sarah se mudaron de su apartamento a la casa en la que Zack había crecido. Nunca hubiera podido soportar esos meses llenos de dolor sin Sarah. Ella dio a luz a su hermosa hija en marzo y le pusieron Hayley como su madre. Valerie y Howard Stewart, los padres de Sarah, no quisieron tener nada que ver con Hayley o con Sarah mientras él permaneciera con ellas. Zack y Sarah vivieron felices durante casi dieciocho meses antes de que la enfermedad hiciera su aparición. Entonces la vida se convirtió en una constante de malabarismos entre el trabajo, la atención diaria a Hayley y el hospital de Sarah. Sarah pasó a la otra vida plácidamente mientras dormía menos de un mes antes del segundo cumpleaños de Hayley. Dos meses después de fallecer Sarah, Zack recibió una visita sorpresa del Departamento de Servicios Sociales. Habían recibido una llamada anónima indicando que su hija estaba en peligro y diciendo que Zack no era apto para ser padre. Zack sabía quién había hecho la llamada aunque ellos se negaron a revelar el nombre. Se había aferrado a Hayley mientras registraban su casa de arriba abajo antes de ser forzado a soltarla para realizarle un examen. Después de determinar que Hayley parecía estar bien de salud y feliz, se la entregaron de nuevo a Zack y se fueron, haciéndole saber que estarían en contacto. Zack esperó hasta que Hayley estuvo en la cama esa noche antes de coger el teléfono y marcar un número que jamás pensó que volvería a marcar. Una Valerie arrogante contestó a la quinta llamada, con la voz sonando a ‘yo soy mejor que tú’. --Hola, soy Valerie. --¿Cómo te atreves? --Zack estaba tan furioso con esa gente que todavía no conocían a su nieta y además decían que no era un padre apto. --¿Perdón? ¿Quién es? --Te he dicho que como te atreves, ¿quién te ha dado el derecho de llamar a los Servicios Sociales y decirles que no soy un padre apto? Ni siquiera conoces a Hayley. No quieres tener nada que ver con ella. --Ah... Zack. --El tono de Valerie estaba empezando a cansarlo--. Sí, bueno, no podemos dejar que nuestra única nieta ser criada por alguien como tú. --¿Alguien como yo? ¿Qué? ¿Quieres decir gay? -- Zack se paseaba por su habitación apretando el teléfono con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. --Sí, eso es exactamente lo que quiero decir. Eres una abominación y si no te arrepientes, irás directamente al infierno junto con Sarah. Zack hizo una pausa, en silencio, aturdido durante un segundo. ¿Cómo alguien podía pensar que Sarah iría al infierno? Furioso con esa gente, que se suponía tenían que amarla, pasase lo que pasase. Zack apretó los dientes y dijo. --Quedaos un infierno lejos de mí y de mi hija. -- Colgó el teléfono y lo arrojó contra la pared. Colapsando en la cama y colocándose en posición fetal, su cuerpo se sacudió con el llanto. Zack había perdido a sus padres, luego a su mejor amiga, y ahora estas personas estaban tratando de llevarse también a su hija. Sin embargo sabía una cosa, iba a luchar contra ellos cada paso del camino. Hayley era suya, y la iba a proteger con toda su fuerza. Así es como Zack terminó en este tramo solitario de la carretera, conduciendo hacia un pueblo en el que nunca había estado antes para comenzar un nuevo trabajo en una semana. Sus únicas posesiones eran lo que entraba dentro de su pequeño Toyota Camry. Valerie y Howard siguieron con su amenaza y Zack se vio obligado a vender la casa de sus padres para pagar a los abogados que lucharon por su caso en la corte. Por suerte, el caso no se prolongó mucho tiempo. El juez fue lo suficientemente inteligente como para ver lo que los Stewart estaban tratando de hacer, y con el Departamento de Infancia de su lado, el juez le otorgó la custodia exclusiva de su hija. Valerie y Howard se pusieron furiosos y juraron conseguir que su única nieta estuviera lejos de su pervertido padre. Después de eso, a Zack le pareció buena idea trasladarse. No había nada que lo vinculara a su ciudad natal en las Blue Mountains. Sus padres y su mejor amiga se habían ido, la casa en la que creció ya no le pertenecía y pensó que irse lo más lejos que pudiera de los padres de Sarah, era lo mejor. |
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